Sé lo que es perder la capacidad de elegir. Y sé cómo se recupera.
Lo viví. Durante años hubo cosas que no elegía: sustancias, relaciones, formas de reaccionar que se repetían aunque me pasaran factura... Salir de ahí me obligó a mirar qué había debajo: qué heridas y carencias estaba compensando, y qué tenía que construir para dejar de necesitar aquella muleta.
Y llevo años acompañando a cientos de personas a las que les pasaba lo mismo con formas distintas: una pareja a la que volvían, una culpa que no soltaban, un paso que nunca daban, algo que necesitaban para seguir tirando. Debajo, siempre el mismo mecanismo.
Cuando una necesidad importante no se cubre, aprendes a compensarla. Lo que al principio te alivia, con el tiempo te controla. Dejas de escoger y empiezas a necesitar.